jueves, 7 de octubre de 2010

Un lindo preludio para una gran noticia

Mario Vargas Llosa ganó el premio Nobel de literatura, fue lo primero que escuche de mi esposo por la mañana.

Al prinicipio lo dudé, hasta no verlo en las noticias; entonces tomé el control remoto y cambié de canal. En CNN en español  escuche una y otra vez la voz del funcionario sueco comunicando la gran noticia.

Como peruana, no pude contener derramar unas lágrimas, sobre todo cuando ayer, 6 de octubre, estuve con mi esposo y un compañero de trabajo de él conversando de la etapa política, cuando fue candidato presidencial en el año 90'. En esa tarde de ayer, mi esposo Leonardo me alcanzó un libro de Mario Vargas, una compilación de sus cuentos editado por Alfaguara, el cual pedí prestado. Busqué por internet la carta que le dirigió Mario al presidente peruano Alan García, donde exponía su renuncia de seguir presidiendo la construcción del Museo de la Memoria debido a la derogación de una ley que al parecer favorece la liberación de  unos militares y policias que fueron acusados de delitos de lesa humanidad.

Ayer también pensé, por qué un escritor de larga preseencia y trayectoria literaria  como Mario no recibía dicha distinción, tal vez no era yo la única que llegó a pensar que por su posición ideológica Mario no podía ser merecedor del galardón, pues no fui la única, muchos en Perú estaban seguros que no lo recibiría por el mismo motivo. Sin embargo, el destino le tenía preparado un momento especial a Mario, un momento especial que ni él se lo esperaba, y es cierto. Muchos de los momentos que nos hacen tan felices llegan en el momento menos pensado.

Quiero confesarles que como preludio a la noticia del ganador del premio Nobel,  mi esposo y yo estuvimos leyendo Los jefes,  1959.

Guardo un  sentimiento entrañable con mi país, creo que todos los que estamos en el extranjero y son peruanos sienten  lo mismo, y noticias como está  llenan de orgullo y de alegría el corazón.

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